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sábado, 4 de agosto de 2018

Si los cuadernos originales no aparecen, ¿la causa corre peligro?.


El jueves no pudieron encontrarlos. Centeno aún espera que lo acepten como arrepentido.




Oscar Centeno escribió durante años sus memorias de chofer de un valijero de la hipercorrupción K. Confesó ante la Justicia. Él redactó, con prosa vibrante, sus travesías llevando millones junto al ex funcionario de relevancia para los más influyentes empresarios de la construcción, la energía (gas, petróleo), el transporte y las comunicaciones.

Roberto Baratta fue la mano derecha del ministro K que administrativamente controlaba esos mercados regulados por el Estado: Julio De Vido. Centeno narró sus viajes por una Buenos Aires que parecía no mirarlo. Centeno acordó con uno de los fiscales de mayor experiencia en tribunales, Carlos Stornelli, que aceptaba autoinculparse en esa trama que admitió como delictiva bajo la figura legal de “imputado colaborador”. Centeno es un “arrepentido”, según la jerga de un lugar que tanto conoce: la calle.

El juez de la causa de los millones viajeros, Claudio Bonadio, deberá homologar el acuerdo del remisero con el fiscal para que el chofer sea oficialmente un delator con beneficios que le otorgará la Justicia. Pero Centeno no es inocente. Él mismo le afirmó a Stornelli cuál fue su rol en lo que fiscal considera que se trató de una asociación ilícita para recaudar coimas en dólares que pagaban empresarios a dos ex presidentes, Néstor y Cristina Kirchner.

Centeno confesó ante un fiscal. La Ley indica que será condenado si lo que declaró no logra probarse. Su ex esposa confirmó a la Justicia bajo juramento que sabía que su ex marido llevaba millones de dólares en efectivo que recolectaba su jefe Baratta a la Quinta de Olivos, la Casa Rosada, el ministerio de De Vido. La Justicia tiene copia de los cuadernos del remisero escribidor. También los vio, los escaneó y chequeó lo que allí se decía el periodista de La Nación, Diego Cabot, y así también lo declaró bajo juramento ante la Justicia. A ellos se sumaron otros testimonios que coinciden con los anteriores, como el de un amigo del remisero que supo de esos textos que quemaban.

¿Donde están los cuadernos? La Justicia tiene copias y acreditó con pruebas de formatos variables la existencia de los hechos que contó Centeno. Ya no importa si él escribió a mano alzada sus aventuras financieras, delictivas, con Baratta. Eran palabras escritas por él. Ahora son palabras que él le dijo a un fiscal federal, que complican su situación procesal, y que se leen desde el jueves en un expediente judicial.

¿Importa que los cuadernos originales ahora no aparezcan?

Por supuesto. Centeno deberá explicarle a Bonadio por qué le dijo a un fiscal que él los tenía en su casa y allí no estaban más.

Esta pérdida no le hace perder gravedad al expediente del chofer.

Ya confesó cosas que pueden llevarlo a prisión si no se confirman. O a la bancarrota total: si se demuestra que finalmente acusó ante la Justicia, pero sin sustento, a empresarios con poder y dinero, y ex funcionarios -incluidos un jefe de Gabinete, una Presidenta o ex jefe de la Inteligencia. Si se sintieran agraviados por mentiras podrían iniciarle a Centeno demandas civiles por cifras millonarias.

Creer que el “arrepentimiento” de Centeno lo beneficia (deberá vivir con custodia permanente porque su vida será considerada bajo riesgo de ataque, entre otras cosas), es como leer al revés. ¿Que gana Centeno con confesar posibles delitos que no podría probar?

¿Importa si anotó en cuadernos, que el jueves se supo que se “perdieron”, todo aquello que después declaró ante el fiscal del caso?

Buena parte de sus dichos ante el fiscal coinciden con pruebas del expediente, que muy pocos conocen, porque se tramita bajo secreto de sumario.

¿Los cuadernos de Centeno era las únicas pruebas con las que Bonadio y Stornelli detuvieron a empresarios exitosos?

Según pudo saber Clarín de diversas fuentes que conocen la trastienda del caso, no.

Habría mucho más material comprometedor para los detenidos por la Justicia.

Las copias de los cuadernos extraviados ayudaron a los investigadores a recolectar ese material en formatos múltiples.

¿Bonadio y Stornelli meterían presos a ex funcionarios, empresarios y citarían a indagatoria a una ex Presidenta -entre otros personajes del poder, como un ex juez federal- sin pruebas de relevancia en contra de esos imputados?

Si eso pasara, dos de las autoridades judiciales de más trayectoria en los tribunales federales estarían entonces tramitando un expediente de impacto nacional e internacional, pero leyéndolo al revés.

Sus carreras se terminarían de inmediato si el trabajo que llevan adelante hace meses fuera la nada misma.

Quizás la súbita desaparición de los cuadernos podría ser leída, en el sentido figurado, al revés.

¿Quien se los llevó y por qué?

¿Y si la Justicia los busca?

¿Y si los encuentran?

Nacería otra “estrella”: el autor de ese “robo” debería explicar por qué lo cometió.

¿Y si fuera alguien vinculado a la política?

El caso de las valijas con millones transportadas a los K, según la confesión de Centeno, escalaría en gravedad.

Ninguno de los empresarios detenidos quiso declarar ante la Justicia.

Otros, como el ex presidente de la Cámara argentina de la Construcción, Carlos Wagner, estuvo prófugo un día.

La negativa a declarar de estos hombres que saben mandar e imponerse sobre otros, fue consejo de sus abogados.

¿Por qué callarse si son absolutamente inocentes y nada pero nada tuvieron que ver con la explosión de millones ilegales que generaron los negocios de la energía o la obra pública K?

Es una pregunta que solo pueden responder cada uno de ellos.

La Municipalidad de Berazategui, al mando de Patricio Mussi, que no tiene por qué compararse a la gestión de su padre, un peronista de larga militancia, Juan José Mussi, informó que el remisero Centeno formaba parte de los empleados estatales de ese municipio. La noticia que dieron las autoridades políticas de ese distrito es que el ahora “arrepentido” fue despedido, aunque solo sería un “contratado”, y no pertenecería a la planta estable de la Municipalidad.

¿Por que Centeno se quedó sin ese trabajo?

Todos los ciudadanos argentinos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

La explicación del municipio de Berazategui fue extraordinaria.

Según consignó Clarín en base a fuentes del oficialismo local, el chofer fue echado porque el miércoles no fue a trabajar.

La Municipalidad de Mussi hijo explicó que no podía constatar si también había faltado el lunes y martes pasado.

La comuna confirmó que el miércoles pasado, Centeno incumplió con sus obligaciones profesionales. Fue justo el día en que se supo que fue detenido en la madrugada, y por qué.

Su nombre y su cara aparecieron toda esa jornada eléctrica para la política en cientos de medios argentinos, audiovisuales, gráficos, en las redes sociales, portales. E incluso en la prensa extranjera.

Erráticos y misteriosos los argumentos oficiales de Berazategui sobre el despido del que se conoce como el único chofer echado de esa municipalidad en las últimas semanas.

Salvo que se lo lea al revés.

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