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martes, 26 de junio de 2018

PASÓ 20 AÑOS PRESO POR VIOLAR, SALIÓ Y REINCIDIÓ: LO CONDENARON A OTROS 10


José Dionicio Rojas Espíndola (65) fue sentenciado por primera vez en 1993. Cumplió condena en enero de 2015. En noviembre de ese mismo año abusó de la propietaria de un bar de Santo Pipó.

Durante aquella noche de 2015, José Dionicio Rojas Espíndola (65) pasaba desapercibido en el bar del paraje cercano a Santo Pipó. Sin embargo, no era uno más entre la clientela: de haber sabido sus antecedentes, quizás muchos de los que se encontraban en el lugar hubiesen preferido evitarlo. Era y es un tipo peligroso.

La propietaria del comercio tampoco sabía quién era, hasta que la interceptó con un cuchillo. “Ahora te violo y te mato”, le dijo, antes de iniciar un verdadero calvario que culminó recién ante la llegada de los hijos de la víctima, quienes lograron reducirlo. Rojas Espíndola no era un “improvisado”: nueve meses antes había cumplido una larga condena a 20 años de prisión por una violación anterior.

El hecho registrado en contra de la propietaria de aquel bar debía llegar a juicio en los próximos días ante el Tribunal Penal 1 de Posadas. Sin embargo, Rojas Espíndola prefirió evitar el escarnio público que hubiere significado un juicio oral -público recién a partir de los alegatos, por tratarse de un delito de instancia privada- y firmó un juicio abreviado en el que aceptó una condena a 10 años.

Claro está, no fue su primera sentencia. En el fallo, los magistrados del caso lo declararon reincidente por cuarta vez. Sobre sus espaldas, además de aquella primera violación, también pesan condenas por “amenazas” y “evasión” de una unidad penal.



Una falsa lesión


El último de los hechos se registró en la noche del domingo 1 de noviembre de 2015 en ese paraje perdido de Santo Pipó, hasta donde Rojas Espíndola llegó en compañía de otros dos hombres. Había varios clientes pero, conforme avanzaron las horas, el lugar se vació.

Ya era tarde cuando el paraguayo y sus compañeros de trago resolvieron marcharse. Sin embargo, cuando lo hacían, Rojas Espíndola fingió una caída y una posterior lesión. El trío le pidió a la dueña del bar -cuyo domicilio se encontraba pegado al local- por un lugar para pasar la noche. “No doy alojamiento a desconocidos, vivo sola”, les respondió.

Aquella declaración no fue suficiente. Incluso pudo haber sido el principio del fin. Los tres finalmente se marcharon y la dueña cerró el local, pero cuando entró a su casa fue interceptada por Rojas Espíndola, quien portaba un cuchillo de importantes dimensiones en sus manos. “Ahora te violo y te mato”, le dijo.

En el expediente consta la feroz lucha por resistirse de la dueña de casa. Fue imposible. El hombre logró reducirla, le quitó la ropa y la violó. No obstante, cuando se retiraba, arribó al lugar uno de los hijos de la víctima, quien se trenzó con el abusador y logró reducirlo. Minutos más tarde, uno de sus hermanos también acudiría a la escena. Entre todos lo entregaron a la Policía.

Se inició entonces una causa por “abuso sexual con acceso carnal” en contra de Rojas Espíndola. A la declaración de la víctima y sus hijos se le sumó luego un elemento trascendental: los exámenes genéticos confirmaron la autoría del hecho al apuntar directamente contra el ciudadano extranjero.

Rodeado por las pruebas en su contra y por los antecedentes, en los últimos días el acusado confesó ser el autor del hecho y firmó un juicio abreviado ante el fiscal Christian Antúnez en el que recibió una condena a 10 años de cárcel.?Esa sentencia fue homologada por los magistrados Martín Errecaborde, Eduardo D’Orsaneo y Ángel?Dejesús Cardozo, integrantes del Tribunal Penal 1 de Posadas.

Antecedentes de temer

En el escrito, los jueces también declararon reincidente por cuarta vez a Rojas Espíndola, un oscuro y triste récord pocas veces visto en la historia de la Justicia provincial.

Las andanzas del condenado en los expedientes de Misiones se iniciaron el jueves 25 de noviembre de 1993 -hace ya 24 años y medio- cuando tenía 41 años. Ese día, el paraguayo fue condenado a 18 años por “abuso sexual con acceso carnal calificado”, casualmente por el mismo TP 1 de Posadas.

Tras cumplir casi diez años tras las rejas, en 2002 accedió a las salidas transitorias. Sin embargo, en una de ellas no regresó a la Unidad Penal I de Loreto, por lo que las autoridades ordenaron su captura, que llegó incluso a Interpol.

Logró ser apresado nuevamente en 2004, en Jardín América, acusado de un nuevo hecho de “abuso sexual”, al que también se sumaron “amenazas”. Sin embargo, de esas dos imputaciones sólo prosperó la última. Las versiones en aquel momento indicaban que Rojas Espíndola había amenazado de muerte a un grupo de vecinos que lo había presionado para que se entregara, tras amenazarlo -valga la redundancia- con que lo entregarían a la Policía Nacional del Paraguay, que en aquel entonces lo buscaba por presuntos vínculos con la banda que secuestró y mató a Cecilia Cubas, hija del expresidente paraguayo Raúl Cubas Grau, hecho perpetrado en 2005. Nunca se pudieron probar aquellos nexos.

Ese mismo año, la Justicia misionera lo condenó a dos años de prisión efectiva por el delito de “amenazas”. Además, se unificó ese fallo con el anterior por abusos, por lo que terminó sentenciado a 20 años y debió cumplir el tiempo que le restaba de la primera violación.

El sábado 21 de enero de 2015, Rojas Espíndola purgó todas sus deudas con la sociedad y volvió a ser un hombre libre. Libre, sí, pero aún peligroso, en virtud de lo que se conocería luego. Nueve meses y once días después bebía en un bar de Santo Pipó cual si fuera uno más. Pero no era uno más.

fuente PRIMERA EDICIÓN
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